viernes, 20 de marzo de 2015

El restaurante Doña Elena sufre su tercer robo en poco más de un año

ACTUALIZADO
La máquina de tabaco y la caja registradora. Este ha sido el botín que han logrado los ladrones que la pasada noche se dieron una vuelta por la cervecería Doña Elena. Con esta ya son tres las ocasiones en las que los propietarios de este establecimiento, situado en el paseo de Tierra de Melide, han visto como les revientan las cerraduras en poco más de un año.

La cervecería-restaurante Doña Elena, en el paseo de Tierra de Melide, cerrada tras uno de los tres asaltos que ha sufrido en poco más de un año. /LTD


Pocas cosas hay más desalentadoras para un comerciante que acudir a primera hora a su establecimiento y comprobar que le han robado. Si la situación se repite cada seis meses, no es de extrañar que cunda el desánimo. Muchos pequeños negocios de Las Tablas han sufrido esta experiencia traumática en demasiadas ocasiones. El último ha sido Dan, quien junto a su familia intenta sacar adelante el restaurante-cervecería Doña Elena. La pasada madrugada los ladrones han vuelto a pasearse por su establecimiento y, en un visto y no visto, se han hecho con su gran botín: la máquina de tabaco y la caja registradora con una indeterminada cantidad de monedas.
En julio del año pasado a Dan también le robaron la máquina de tabaco. Los asaltantes no se anduvieron con tonterías y emplearon un coche para empotrarlo contra la puerta del local y llevarse todas las cajetillas. Además, aprovecharon para arramplar con el bote de las propinas que los empleados del restaurante habían ganado con esfuerzo a lo largo de todo el año.
La historia se ha vuelto a repetir. En esta ocasión a los ladrones les ha bastado reventar las cerraduras de la verja de seguridad y la puerta de entrada para poder acceder al local. La alarma, como en ocasiones anteriores, no sirvió de nada.
El robo en Doña Elena, donde, entre otras especialidades, se sirve el mejor pollo a la cerveza de toda Las Tablas, se produce pocos días después del asalto a la panadería Caprichos, el primer establecimiento donde los vecinos del barrio pudieron empezar a comprar el pan cuando Las Tablas era lo más parecido a un desierto comercial.
La semana pasada este diario digital informaba del establecimiento de controles de la Policía Municipal en el acceso al barrio desde la M-40. La medida ha podido tener algún resultado, pero no parece que haya servido para disuadir a los cacos.
Control de la Policía Municipal instalado la semana pasada en el acceso a Las Tablas desde la M-40. /LTD-Ana Fernández


El Ayuntamiento de Madrid se comprometió hace siete años con la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos (FRAVM) a construir una comisaría de la Policía Municipal que, además de dar una mayor sensación de seguridad a vecinos y comerciantes, permitiría una actuación mucho más rápida de las fuerzas de seguridad. Dos legislaturas después, el consistorio sigue sin mover una sola piedra y en la parcela destinada a tal fin, como muchas otras de propiedad municipal, solo crecen las malas hierbas. 

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