lunes, 5 de junio de 2017

CARTAS AL DIRECTOR: Las Fiestas de Las Tablas: un modelo a revisar

Por Jaime Berenguer (*)

Las fiestas de Las Tablas de este año han creado bastante polémica por las graves molestias acústicas que han generado a cientos de vecinos. Vaya por delante que a mí me gusta la actividad pública en la calle, no solo porque permite la interacción social y cumple una función expresiva, sino porque además influye sobre la identidad social (sentimiento de pertenencia) y por ejemplo, previene el delito e incide -en la mayoría de los casos- positivamente sobre la economía. Por tanto, sí a que las calles estén con vida y cumplan con su función.

Atracciones instaladas en las fiestas de Las Tablas. /LTD



Si esto es así, ¿qué problema hay con las Fiestas de Las Tablas de este año? Básicamente, que los organizadores, con la máxima responsabilidad del Ayuntamiento de Madrid, han olvidado que el uso de la vía pública no puede cercenar los derechos fundamentales de los ciudadanos. En concreto, el derecho a “la intimidad personal y familiar” art. 18.1 de la Constitución Española y el derecho a “la inviolabilidad del domicilio” art. 18.2 CE referentes, entre otras cosas, al derecho al descanso e intimidad como recoge la Directiva 2002/49/CE sobre evaluación y gestión del ruido ambiental incorporada a la Ley 37/2003 e incluso “olvidando” la propia Ordenanza sobre Contaminación Acústica del Ayuntamiento de Madrid.

En definitiva, las Fiestas de Las Tablas han afectado gravemente la actividad en su propia vivienda a varios cientos de vecinos impidiéndoles descansar, dormir o simplemente abrir las ventanas (hasta las 2 de la madrugada) como señala en carta abierta en Las Tablas Digital Ignacio CA lo que constituye, no solamente un grave incumplimiento de la legislación, sino una falta de empatía y solidaridad con la que pocos estamos de acuerdo.
Estos son los hechos, y tras los mismos no cabe otra posibilidad que la de evaluar la situación y repensar el modelo de fiestas que se va a utilizar en el futuro para compatibilizar las fiestas con el derecho fundamental a poder estar en tú propia casa.

En mi opinión, el origen de lo ocurrido parte de un error de concepto desde la organización sobre lo que es y significan las Fiestas Populares. Han confundido la fiesta con la algarabía y el ruido, lo popular con lo populoso y lo populista, optando así por un modelo de fiesta dura, frente a un modelo de fiesta suave.

Pregunto, ¿se plantearon las Fiestas como las fiestas de Las Tablas o como las fiestas para Las Tablas? Mucho me temo que como lo primero. Me da la impresión que la idea de los organizadores ha sido reventar, petar, llenar, desbordar las fiestas sin pensar mucho –nada- en las consecuencias que esto podría tener para la viabilidad de las fiestas ni, por supuesto, para los vecinos. De no ser así, jamás se hubiera hecho el programa que se hizo con atracciones hidráulicas de 30 metros a la altura del salón de las casas, ni se hubiese traído a Celtas Cortos que atrae gente de toda España, ni se hubieran programado sesiones de DJ ¡hasta las 2 de la mañana! frente a las ventanas de los dormitorios de la gente. Visto lo visto, dudo mucho que alguien pensara en los vecinos que viven frente al tinglado ferial (se desmontaron las atracciones a martillazos a las 12 de la noche). De alguna manera, los vecinos se convirtieron, sin saberlo, en las víctimas colaterales e inevitables de las fiestas, del “interés general”.

Bien, llegados a este punto tenemos que contestarnos a la cuestión ¿queremos unas fiestas de las Tablas (duras), por tanto, iguales a las de cualquier otro punto de Madrid, abarrotar el barrio con lo que ello conlleva y repetir errores, o queremos hacer unas fiestas para Las Tablas (suaves), es decir, unas fiestas que sirvan esencialmente para el solaz, disfrute y mejor hermandad de los que aquí vivimos? Si la respuesta es la segunda, lo que ha pasado este año no se puede repetir, no se puede volver a expropiar temporalmente las casas de familias enteras, niños pequeños, personas mayores, enfermos y padres. Aquí no hay víctimas colaterales que valgan, ni derechos de grupo que lo justifiquen.

Ejemplos donde mirar para distinguir el éxito del fracaso los tenemos bien cercanos, en nuestro propio barrio. Como la carrera de Sanfilippo, ejemplo de ayuda, empatía y solidaridad donde participan miles de personas perfectamente conjugados con el descanso de todos, sin molestar a nadie (o molestando lo imprescindible), donde colaboran los colegios del barrio y participan adultos y niños sin distinción de categoría o edad. Fue emocionante ver a centenares de niños corriendo, realizando deporte y siendo solidarios bajo un modelo lúdico/social suave pensado para Las Tablas, y se nota. Otro buen ejemplo es la Cabalgata de Reyes Magos organizada por la Asociación de Vecinos por la cual les felicité públicamente y en privado. Un éxito, sobre todo, porque se pensó para Las Tablas, donde lo importante no era que viniese mucha gente, ni hacer la mejor cabalgata del Mundo. Parafraseando a E.F. Schumacher en su delicioso libro -pionero del ecologismo- “Lo Pequeño es Hermoso”, frente a lo grande está la belleza de lo pequeño, de lo sencillo, de lo cercano. Frente a lo duro está lo suave.

¿Es posible replantear las Fiestas de Las Tablas con un paradigma así? Sí, lo es. Unas fiestas suaves donde se colabore con los colegios (sería muy sencillo organizar unos mini campeonatos escolares de lo que fuera, por ejemplo), con los empresarios (donde se pudiera hacer una feria de la tapa o realizar conciertos hasta las 2 de la madrugada pero dentro de un local), o con el Centro Cultural (para actividades de pintura y poesía), o con todos los vecinos (nada mejor que un concurso de paellas o un campeonato de Mus). Personalmente, me encantaría disfrutar unas fiestas donde poder escuchar suavemente las Cuatro Estaciones, Noche en los Jardines de España o bandas sonoras de películas bajo una noche estrellada. O, por qué no, un divertido cine de verano con sus palomitas o una buena representación de teatro clásico pero, eso sí, todo ello siempre bajo esa premisa básica de lo suave, de unas fiestas para Las Tablas.

Sí, lo sé, quizás con ese modelo suave de fiestas no podamos sacar pecho por el “éxito” que representan los miles de personas que han venido a Las Tablas, si es que podemos entender tal cosa como éxito. Pero no nos engañemos nuestras fiestas (nuestras, de todos) nunca serán un éxito si para ello obligamos a cientos de nosotros a no dormir, a no descansar, a ser rehenes de las fiestas en su propia casa. Alternativamente, prefiero medir el éxito de otra manera, como lo hacemos en Sanfilippo y la Cabalgata de Reyes, con suavidad.


No se trata, por tanto, como apuntan ya algunos, de repetir el modelo de este año pero cambiando la ubicación, así no conseguiríamos nada más que trasladar el problema de un lado  a otro. Debemos ser conscientes que el error no ha sido el dónde, sino el qué.



(*) Jaime Berenguer es vecino de Las Tablas y exconcejal del Ayuntamiento de Madrid

3 comentarios:

  1. Vaya falacia "miles de personas que han venido a las tablas" ¿Estaba usted pidiendo el dni? Yo lo que vi, es que por fin la gente del barrio actuaba como gente del barrio, vi la gente de las tablas en la calle.

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  2. Totalmente de acuerdo con las palabras de Jaime Berenguer. Lo de este año ha sido una vergüenza. Todavía compruebo que ya se han ido y sigo pensando "¡Qué descanso!".

    La Asociación debe reflexionar por el bien de todos. Habría mejores fiestas si no hubiera críticas; esta año han sido muchos los vecinos que con razón han protestado.

    Al año que viene seguro que lo meditan y todo se hace mejor. Les animo a ello.

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  3. Muy de acuerdo con este artículo. El error quizás no sea la ubicación, ya que serían otros vecinos los perjudicados. Uno de los factores por los que hemos elegido Las Tablas como lugar de residencia, es precisamente, su tranquilidad. Nadie ha pedido que todos los años durante 6 días se monte la "marimorena" en la puerta de casa, y mucho menos que se alargue hasta las 2 de la mañana.

    La Asociación de vecinos no debería hacer oídos sordos a estas quejas de los vecinos a los que, supuestamente representa, y enfocar las fiestas de otra manera, sin que nadie se vea afectado.

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