domingo, 2 de diciembre de 2018

El realismo urbano y la novela histórica como claves del éxito literario

Por Teresa Álvarez (*)

Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843-Madrid, 4 de enero de 1920), el más madrileño de todos los escritores canarios, fue una gran figura de las letras españolas. Vivió a caballo entre los siglos XIX y XX y triunfó como prolífico escritor de narrativa histórica y también narrativa de su tiempo. Fue además cronista de diversos periódicos, como La Nación y El Debate, también de Revista del Movimiento Intelectual de Europa, así como dramaturgo y político. Representó claramente el realismo literario, apartándose del romanticismo. Fue académico de la Real Academia Española desde 1897 y llegó a ser propuesto al Premio Nobel de Literatura en 1912. Aunque, salvo en su juventud, no mostró especial afición por la política, aceptó su designación como diputado en varias ocasiones y por distintas circunscripciones.

Benito Pérez Galdós. /biografíasyvidas.com



Escribió decenas de novelas, como La Fontana de Oro, Tristana (ambientada en Toledo y plasmada al celuloide magistralmente por Luis Buñuel en 1970, que también dirigió la versión cinematográfica de Viridiana en 1961); de Nazarín en 1959; Marianela (llevada a la gran pantalla por Julio Porter en 1955); La duda (Rafael Gil realizó la versión cinematográfica en 1972); La familia de León Roch; Misericordia (llevada al cine por Zacarías Gómez en 1953 ); Fortunata y Jacinta (célebre también por su serie televisiva de los años setenta); Doña Perfecta, La desheredada, La sombra (llevada al celuloide en 1953 por Julio Galindo), Adulterio (plasmada en cinta por José Díaz Morales en 1945), El abuelo (llevada al cine por José Luis Garci en 1998) y, desde luego, Los Episodios Nacionales, compendio de la historia de España del siglo XIX, compuesta por 46 episodios, 16 en cinco series de diez novelas cada una (con la salvedad de la última, que quedó inconclusa). Los Episodios arrancan con la batalla de Trafalgar y llegan hasta la Restauración borbónica en España. 

Como dramaturgo fue autor de Quién mal hace, bien no espere (1861), el drama histórico La expulsión de los moriscos y Realidad

Viajó por toda España y paseó por las calles de Madrid a diario, participando en distintas tertulias literarias, políticas y sociales en los más afamados cafés de la capital. Nunca se casó, pero vivió con sus dos hermanas, a las que adoraba, y tuvo una variada vida amorosa, manteniendo también amistad con los personajes más ilustres de Madrid: diputados, catedráticos e intelectuales, así como comerciantes, obreros y funcionarios. 

El 7 de febrero de 1897, y pese a las oposiciones de los sectores conservadores del país —y en especial de los neos (neocatólicos)—, Galdós fue elegido miembro de la Real Academia Española. 

La lista de sus conquistas amorosas se puede ilustrar con la actriz Concha (Ruth) Morell y la célebre novelista Emilia Pardo Bazán, ambas de fuerte carácter y fama en el Madrid de la época, entre otras muchas. 

Como parte de las fuerzas políticas republicanas, la capital de España eligió a Galdós representante en las Cortes de 1907. En 1909 el escritor presidió, junto a Pablo Iglesias, la coalición republicano-socialista. El autor, sin embargo, que «no se sentía político», se apartó pronto de las luchas «por el acta y la farsa» dirigiendo sus energías a la novela y al teatro. 

Asistía a diario a las tertulias del Café de la Iberia, de la Cervecería Inglesa y del viejo Café de Levante. Leía constantemente a clásicos ingleses, franceses y españoles. Su amistad con Sagasta le llevó a ingresar en el Congreso como diputado por Guayama (Puerto Rico). Nunca llegó a visitar su circunscripción antillana, pero su obligada asistencia a las Cortes —donde, enormemente tímido, casi no despegaba los labios— le sirvió de nuevo e insólito observatorio de tramas y caracteres. 

Escribió sobre tipos y calles de Madrid, pero también de Toledo, ciudad que a su vez amó y frecuentó, y en la que enclavó su novela Ángel Guerra, subyugado por los conventos, parroquias y aptitudes religiosas tan frecuentes en la Ciudad Imperial. Asimismo, supo pintar el ambiente de las calles y paisanos de numerosas ciudades españolas en sus prolijos Episodios Nacionales, referidos a eventos ocurridos un siglo antes de la época en que el autor vivió, y que por su magnitud y fidelidad a la Historia, merecen el reconocimiento que siempre tuvieron, además de una lectura detallada. 

Pérez Galdós ha influido en todos los escritores españoles del siglo XX y XXI (la gran autora española Almudena Grandes, premio nacional de narrativa 2018, lo ha mencionado como su maestro), por su exhaustivo detalle del entorno geográfico y temporal de sus personajes, que nos presentan, con pelos y señales, la vida y costumbres de nuestros ancestros en ciudades donde todo el mundo se conocía y saludaba. 

Las novelas de Don Benito, propuesto al premio Nobel y descalificado, sin duda por cuestiones políticas, se caracterizan por: 

a) Su narración pormenorizada de ambientes y momentos esenciales, pero también secundarios, de la trama, así como por su dominio del diálogo culto y del popular. 

b) Sus variadas historias familiares, relatando antecedentes, relaciones lícitas e ilícitas, en un desfile de hechos, nombres y anécdotas (¿inventadas, copiadas de la realidad?) que nos descubren un mundo encapsulado en el tiempo, de tertulias en cafés literarios, de tardes de jícaras de chocolate con picatostes en visitas rutinarias a sus amigos, de reprimendas sacerdotales, de pensiones de medio pelo, de asistencia a misa en decenas de iglesias, o de hazañas militares en valles y montañas de la península ibérica. 

c) Su impresionante detalle en la indumentaria de uniformes y vestuario civil, en la descripción de fachadas e interiores, en la secuencia de batallas, derrocamientos, levantamientos e insurrecciones ocurridos verídicamente en España durante todo el siglo XIX. 

d) Su localización fidedigna de calles y descripción de ministros, miembros de la familia real, militares y también personas populares y comunes. 

e) Su dibujo perfecto de caracteres humanos masculinos, como el avaro, el revolucionario, el buscapleitos, el militar valiente, el amigo fiel y muchos otros. 

f) Su creación de grandes arquetipos femeninos como la joven seglar de ideales religiosos, la gran seductora, la avara controladora, la cotilla, la santa, la querida, la madre de la querida, la amante despechada, la mal casada, la ciega, la patrona de la pensión, la enferma o ciega entregada a su familia. 

Galdós escribía para lectores que le seguían semana a semana y libro a libro, por muchas páginas que tuvieran éstos, probablemente porque a principios del siglo XX no había otra actividad de ocio mayor que la lectura, como no fueran las visitas a amigos y familiares o la asistencia al teatro en las capitales. Fue muy querido y leído en vida, triunfando con toda su obra una y otra vez. 

Para nosotros, sus lectores actuales, es un honor caminar por las calles de España, encontrando las plazas, los olores, las costumbres y los tipos humanos que describió con su magistral pluma.


(*) Teresa Álvarez Olías es escritora y en el blog comenta- novelas.blogspot.com analiza las novelas que le parecen inolvidables.

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